martes, 27 de mayo de 2008

Aunque no sea conmigo

Cuando Gonzalo Mayma la vio acercarse, sintió en los muslos un desvanecimiento helado, un imprevisto ataque de vacilación; cuando oyó cerca de sí la resonancia de sus tacos, su vientre se rebeló en un calambre inoportuno; cuando ella hubo pasado, no pudo más que aceptar otra íntima derrota y recriminarse su cobardía. Había vivido nuevamente la desoladora parálisis del miedo.

Siempre que veía a Luisa venir, abandonaba lo que estuviera haciendo en el taller de su padre para pararse junto a la entrada. Tenía en mente hablarle. Pero no tenía la más remota idea de qué podría decirle. Quería que fuese algo creativo, divertido; audaz, aunque no agresivo. Sin embargo, mientras más buscaba, más confundido se encontraba. Parado bajo el dintel del taller, con el corazón estallándole de ansiedad y desoyendo los llamados de su padre, Gonzalo la esperaba con la excusa apropiada, pero al último minuto, lo atacaba la duda y la inseguridad echaba por tierra cualquier argumento valedero. Entonces el pánico lo soldaba en su sitio mientras ella terminaba de pasar, y su padre, rezongándolo, le ordenaba que regrese a trabajar.

Luisa había llegado al barrio un Sábado de Gloria por la mañana. Ni bien la vieron, los muchachos de la calle estuvieron de acuerdo que era innecesario asistir a misa ese día si tenían al paraíso frente a ellos. Desde el primer momento que llegó, hizo sentir su poder sobre los hombres. Decidía quienes iban a las fiestas con ella; determinaba quién no iba a las fiestas; disponía del tiempo que permanecerían allá. A donde quiera que fuera, una jauría devota y solícita le seguía los pasos. Bastaba con una palabra suya para que algún desatinado fuera echado del grupo.

Gonzalo no se atrevía acercársele. Su padre ya lo había disuadido muchas veces por si acaso: ¡ella jamás se fijaría en el hijo de un carpintero! Entonces, con el mundo en su contra, regresaba a trabajar, olvidándola para siempre. Así pasaron dos años. Luisa continuaba ejerciendo su autoridad, y los muchachos obedeciendo sin objetar. Pero de pronto, Gonzalo notaba en ella cierto contoneo inusual en su andar cuando pasaba junto a él. Incluso le pareció que el ruido de sus tacos se volvía voluntariamente evidente cuando pasaba junto a la ventana del taller. Una tarde, absorto, mientras terminaba de cepillar una mesa, levantó los ojos y casi se rebana un dedo con el cepillo cuando presenció cómo ella bajaba la miraba con un mohín de quien fue pillada en una travesura. No se lo contaron a nadie, pero lo que descubrieron por casualidad, se volvió una necesidad para ambos. Desde ese momento buscaban sus miradas en la calle. El abandonaba a su padre por ir a verla desde el taller, y ella se desentendía de los muchachos por verlo a él, y sostenían la mirada todo lo que pudiesen, porque ninguno quería perder en esa guerra callada y sensual. Así pasó un año y medio. Y durante ese tiempo Gonzalo no se le había acercado ni un milímetro desde que se vieron a los ojos por primera vez. Ya que la indecisión lo frenaba, el se contentaba con mantener el contacto de miradas. Pero ella se cansaba de esperar, así como se cansó de los muchachos. La acompañaban a su casa otros chicos, no en grupos, pero sí uno por vez. Junto a ellos Gonzalo se encontraba feo, incapaz de encender la más leve emoción en una mujer. ¡Pero lo había hecho! Hacía tiempo que Luisa no aparecía por el taller. Gonzalo extrañaba sus insinuantes tacos. Sin embargo, una noche, cuando cerraba el taller, la vio salir más hermosa que nunca con un vestido entallado y pararse sola frente a su puerta. Era el momento que él había estado esperando. Sin dudarlo salió de su casa con la resolución de hablarle de lo que fuera, a enfrentar lo que sea y a asumir sus consecuencias. Ella lo vio aproximarse con la seguridad más agresiva del mundo, y sintió miedo. ¡Hola! la saludó él con la voz bien timbrada, sin tartamudear. Exudaba seguridad y ello lo sorprendió. Pero lo llenaba de orgullo hacia sí mismo. Iba a decirle que quería que fuesen amigos, cuando salió un joven de ademanes imponentes, y tomándola por la cintura, la besó en los labios para luego regresarla a la casa ¡es mejor que pases, mi amor, no quiero que te resfríes! Le oyó decir. Solo, sin más testigos que los faroles de la calle, serenamente regresó a su casa. Y rió con ganas de lo que acababa de sucederle. Resolvió que nadie lo iba a saber después de todo. Si bien no salieron las cosas como esperaba, cayó en la cuenta de que había vencido su miedo más humillante. Se sorprendió del aplomo con que afrontó el desenlace.

lunes, 12 de mayo de 2008

APOLOGÍA A LAS MADRES… TAMIZADA POR LA SABIDURÍA

Una mujer muy sabia me alcanzó algunas observaciones. Me hizo entender la emoción con que las madres esperan el segundo domingo de mayo. La sola ilusión de que pueden recibir algún detalle por parte de sus hijos, disipa de sus corazones cualquier rescoldo de amargura. Porque las madres no conocen el resentimiento. Porque para ellas ningún hijo es malo, sólo desconocedor.

Entonces, ningún hijo, por más indigno que fuese, tiene derecho a estropearles el entusiasmo. Ahora ya lo sabemos, ellas esperan un regalo. Debo apuntar, sin embargo, que el reconocimiento a nuestras mamacitas no debe reducirse a un solo día. En nuestras conciencias, el calendario debe funcionar de manera más agradecida: la semana de la madre, el mes de la madre, el año de la madre, la década de la madre...

LAS MADRES NO SE CANSAN DE ESPERAR

“Las mujeres valientes son incontables, pero tú a todas has superado”
(Proverbios 31, 29)

El segundo domingo de mayo de todos los años, conmemoramos el día de la madre. Un reconocimiento justo, aunque tardío. Irrisorio, por no escribir ridículo. Incluso cómico se diría, si tuviéramos la hombría de aceptar nuestra hipocresía. Da risa, es verdad. Recordemos sino a los solícitos hijos que, sólo por ese día, colman a sus madres de aparatos sofisticados, o las hastían de atenciones desesperadas creyendo, los muy ingenuos, que un detalle inusual puede expiar un año de desatenciones e ingratitudes. ¡Señores, el asesino con arrepentirse no revive a su muerto! Y nos engañamos a nosotros mismos si esperamos que nuestras viejitas olviden nuestras felonías. Sin embargo, y para vergüenza nuestra, aquellas mártires discretas, leales a la humildad a la que se consagraron, no se permiten un desaire, y estarían en su derecho si lo hicieran, contra aquellos que intentan congraciarse. Uno se pone a pensar, y concluye: quizá, la paciencia les viene de la resignación con que reconocen que abusaron de sus madres. Por eso esperan sin cansarse que, también nosotros, recapacitemos de nuestros errores.

Este artículo quiero dedicarlo a exaltar la férrea paciencia de las madres; así como el conmovedor sacrificio que asumen sin pedir más recompensa que la alegría de demostrarles que la inversión de sus mejores años no fue en vano, y que podemos valernos en la vida por cuenta propia. Desde su temprano desempeño como primeras maestras, hasta su rol de devotas y entrañables compañeras, su atención hacia nosotros vela sin descanso, aunque a veces llegue a irritarnos, y reciban severos reproches como pago. Todo esto lo asimilan. Todo lo olvidan.

¡Divinas luminarias de nuestras vidas, perdónennos, porque no sabemos lo que hacemos! Por favor, y no es que nos aprovechemos de su amor infinito, no se alejen de nuestro lado, aunque nuestra ignorancia se manifieste por momentos, porque nuestras existencias colapsarían en los tremedales de la soledad sin ustedes. Madres del mundo, nosotros sus hijos tenemos un compromiso para con ustedes. ¡Perdónennos! ¡Perdónennos otra vez! Somos simplemente humanos, ¡y ustedes lo saben! Por eso no nos guardan rencor. Porque por sus venas corre algo de divinidad.

¡Feliz día a todas las madres del mundo!

domingo, 27 de abril de 2008

¿Lo bueno de lo malo?

Hace tiempo mi mamá me contaba la historia de una joven que compartía sus decepciones con su madre. Sucede que mientras la muchacha se deshacía en un mar de reclamos, la madre la escuchaba impasible al tiempo que preparaba una torta. De cuando en cuando la madre la interrumpía diciéndole “toma, come la harina” o “aquí tienes el azúcar, sírvete un poco mientras esperamos a que la torta esté lista” a lo que la indignada hija respondía “mami, ¿cómo crees? Yo no como harina”. Sin embargo, cuando la torta estuvo lista, la hija olvidó sus penas y se deleitaba con el pastel que su mamá había horneado. Entonces la madre tomó la palabra y le hizo recordar a su hija con qué desagrado se negó a comer la harina, pero también le hizo notar cuán feliz era comiendo la torta (que incluía la harina). Lo mismo sucede con nuestros problemas momentáneos, por separado no tienen sentido; pero solo cuando han pasado los años y hemos probado suficientes adversidades, vemos que gracias a ellos somos fuertes y hemos madurado. Y que sólo en ese mágico instante todo toma sentido para satisfacción nuestra.

Sin embargo el asunto no queda allí. Porque no basta con soportar los problemas con paciencia, sino vivirlos con pasión, ya que incluso de nuestras frustraciones valoradas nos sentiremos orgullosos cuando hayamos llegado a la cima elegida. Me explico, hay quines se trazan metas en la vida, pero van tan absortos con la idea de cristalizarlas que no disfrutan del proceso de consecución. Cuando alcanzan sus sueños y miran atrás no sienten más que frío en el alma, el terror de haber corrido con los ojos vendados sin haberse tomado un descanso para contemplar el tono del cielo. Pero quien vive cada contratiempo al máximo, no los concibe como peñascos en su camino, sino peldaños que subidos con paciencia lo van elevando y acercando a las puertas del mundo. Por ello, cuando haya alcanzado las estrellas y mire su pasado no verá otra cosa que a sí mismo venciendo con denuedo cada obstáculo y aprendiendo en el camino invaluables experiencias. Entonces toda congoja quedará compensada con creces por la satisfacción de haber creído que se podía conseguir. Y, en efecto, lo consiguió.

Los problemas, ya sean enfermedades, limitaciones o decepciones, constituyen las piezas infaltables del tablero llamado vida. Hemos aprendido que los problemas nos hacen fuertes; hemos concluído también que deben ser asumidos con coraje y aprender de ellos para dar sentido a nuestra existencia. Ahora les propongo un tema tratado por Thomas Mann en su obra cumbre La montaña mágica: la necesaria caducidad del cuerpo para el afloramiento del espíritu. Nosotros como jóvenes somos soberbios, hasta que el cuerpo comienza a fallarnos. Porque solo ahí, cuando las fuerzas nos abandonan como causa del paso de los años o de algún mal, tomamos conciencia de que hemos ofendido a nuestro hermano. Es como si el sustento corpóreo de nuestra arrogancia se viniera abajo y en su estrepitosa y repentina caída llevara consigo nuestro orgullo. Entonces aprendemos a pedir perdón, o salimos a la calle a intentar enmendar muchas décadas de abusos con un día de buena voluntad en el intento desesperado de dejar una huella intachable en la memoria de los hombres. Será que sabemos que podemos tener los días contados y que necesitamos hacer las paces con nuestro prójimo. Entonces ni siquiera las dolencias físicas, cuando concientizan y hacen casi perfecto al hombre, están en vano en este mundo.

En verdad les digo, que no importa lo que nos espere a la vuelta de la esquina, sino la actitud que adopte nuestro carácter: el de un sosegado optimismo de que siempre se puede florecer si uno quiere, incluso en el tremedal de las dificultades.

viernes, 18 de abril de 2008

Quiero ser escritor!!

Hola. Si, quiero ser escritor. Estudio administracion de empresas en la universidad, voy en el setimo ciclo. Y mi vocacion creo que la lleve siempre en mi... pero no le prestaba importancia. Escribo estas lineas como remedio contra la angustia, y porque no he escrito nada desde hace un mes. Bueno... decidí escribir en un blog para agilizar mi pluma. Y quise dejar la carrera para ser escritor. Ese fue mi problema. Por un lado, mis padres me instaban a terminar lo que ya habia empezado "porque eso es de hombres" y por otra parte mi cisne me llamaba a seguir el camino que me indicaba. Durante casi un año evadía laa clases y pasaba las horas en la biblioteca aprendiendo de García Marquez, Hemingway, o Hess... Sin saber me comprometía con lo que me gustaba y claro.. estaba feliz; pero descuidaba mis estudios. Entonces cada vez que mi familia se interesaba en mi avance les mentía, o evadía las preguntas con un "si, la carrera ya está poniendose dificil, pero sigo pa' lante"... La idea de escribir un blog me llegó de parte de mi hermano Marcos. Y se la agradezco.

Ahora que estoy en este universo cercano a publicar novelas me doy cuenta que el asunto no era tan facil como soñar que ganaba el premio Nobel, o que representaba al Perú a nivel mundial. Realmente esta profesion exige maña, paciencia y humildad para reconocerse limitado y por lo tanto con mucho que aprender de los demás. Por ejemplo, en estos días revise el blog de un amigo de mi facu y quede fascinado (debo reconocer que tiene estilo para escribir). Entonces espero que mi asombro no se descomponga en envidia. En vez de eso DEBO agradecer contar con tan cercano maestro. Y así será. Realmente queda mucho pan por rebanar, pero soy joven pues tengomucho tiempopara invertir en mí y en mi formacion como exponente del mundo por medio de las letras. Debo declarar que me fascina el aspecto humano. Sus pasiones y su mundo interno; sus errores, sus caidas y el momento culminante en que reconoce que se equivocó, aunque este (como mayormente sucede) al borde del otro mundo. Si de verdad me fascina el ser humano y mis novelas se veran a menudo matizadas por seres que deben equivocarse mucho antes de encontar las respuestas a sus interrogantes.

sábado, 15 de marzo de 2008

Mi propuesta para mejorar la situacion del Perú

No quiero profundizar en mi primer artículo así que para comenzar les expondré para comenzar mi propuesta para cambiar la situación del país. Espero sus respuestas u opiniones. Ojo, lo que propongo no necesariamente debe ser entendido como la verdad absoluta. No, todo lo contrario, con gusto leeré sus sugerencias y les haré llegar mi apreciación u opinión sobre las mismas.

Sé que la mayoría piensa que la solución para sacar adelante al país radica en un cambio en la educación. Apoyo esa propuesta, sin embargo debemos tener presente que ninguna reforma en la educación prosperará si no cuenta con las condiciones adecuadas. Propongo, entonces, que para desterrar al subdesarrollo debemos, primero, promover reformas políticas y económicas.

1.- Con respecto a las reformas en el plano político:

Nuestros excesivos e innecesarios funcionarios públicos constituyen una traba para el desarrollo equitativo. Ellos sí reciben elevados emolumentos que proceden de los inclementes tributos que la población aporta, pero se descuida el puntual reconocimiento de salarios de los padres de familia. Por otro lado, nuestros padres de la patria perciben beneficios como la “escolaridad” cuando sus retoños ya terminaron de pasar por las aulas; y exorbitantes “gratificaciones”, además de su jugoso salario.

Nuestros políticos (presidente, ministros, congresistas, asesores, etc.) deberían demostrar de una vez ser merecedores de tales pagos, si lo son. Hasta hoy su eficiencia se ve reflejada en la situación en la estamos inmersos ahora mismo. Sin embargo ellos siguen medrando con nuestros aportes (impuestos). Todo ese derroche podría ser empleado en el pago puntual de sueldos, o en el financiamiento y asesoría de los pequeños empresarios, o en amparo de nuestros jubilados, o incluso en un aumento de sueldos, etc. Pensemos ¿hay poco dinero como se nos quiere hacer creer o es que se reparte indebidamente entre los peruanos?

2.- Con respecto a las reformas económicas:

El gobierno apuesta por la agroexportación como medida para alcanzar el desarrollo. Contamos con uno de los mares más ricos del mundo (el segundo, después de China) pero nuestro pescado no va la mesa de las familias peruanas sino que se exporta a Asia y Europa. Lo mismo sucede con productos vegetales como la alcachofa o el espárrago (solo por citar unos ejemplos), que no son conocidos por la mayoría de los peruanos pero que aportarían gran cantidad de nutrientes a los estudiantes, y a los mismos padres, de ser incluidos en la dieta diaria.

Por otro lado, hoy en día el turismo está considerado como otra actividad indispensable para elevar los ingresos nacionales. Se ha difundido entre la población la campaña de tratar bien al turista; se enfatiza en no promover huelgas para evitar ser considerados “país bárbaro”; se hace hincapié en dar una imagen positiva del Perú: el gobierno quiere quedar bien con los turistas, pero se olvida de sus obligaciones para con la población. ¿Cómo no van a reclamar si se desatienden las necesidades de tantos padres de familia? ¿No habría que asegurar primero el bienestar nacional a fin de que a esa población satisfecha (con trabajo estable, salarios puntuales y seguro social eficiente) recién se le pueda pedir pensar en los demás? ¡En el caso peruano se nos exige pensar en el otro cuando se nos desatiende!

Conclusiones:

Hasta aquí reflexionemos sobre los puntos tratados. ¿De que serviría hacer una reforma en la educación si los padres de familia no cuentan con un sueldo apropiado para hacer frente a los nuevos requerimientos (por ejemplo compra de más útiles, pago de excursiones, etc.)? Actualmente hay muchos padres que no ganan lo suficiente para hacer frente a una reforma vanguardista, mientras hay otros cuyos salarios les resta un gran margen de ahorro.

Incluso los maestros: su irrisorio sueldo no les permite siquiera pensar en actualizarse, aparte de tener que enfrentar sus problemas familiares. No sería sorprendente que un maestro no rinda en los exámenes que propone el gobierno, si no cuenta con ingresos suficientes para afrontar sus problemas familiares, como se espera que se halle en sus cabales para dirigir un salón, o aún peor investigar para colocarse a la altura de los requerimientos actuales: ¿De qué valdría promover una reforma si lo profesores no se encuentran a la altura de las expectativas?

O ¿Qué tal? Quizá se puede decretar el aumento de horas académicas: muy bien, pero si los alumnos no están lo suficientemente alimentados, se dormirían en clases. Uno, los padres no están bien informados sobre el asunto de la alimentación de los estudiantes; dos, la plata no alcanza para llenar la olla, y es una situación que la vive la gran mayoría de estudiantes. Lo cierto es que nuestra economía puede atravesar por etapas de bonanza, pero si no “chorrea” a la población cuando ello sucede, no importa cuantas reformas se hagan, si no se asegura el bienestar de la población primero, ninguna de ellas funcionará.

Quiero decir antes de terminar que hay puntos sueltos, o asuntos que preferí no abordar por falta de conocimientos. Ya los retomaré más adelante. Saludos a todos, fue un gusto dirigirme a ustedes, y estoy esperando sus opiniones. Un abrazo entonces.